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La Quimera de Oro

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Autor: 
Octavio Daniel Carreño Gómez
La Quimera de Oro

“LA QUIMERA DEL ORO”.  UNA PELICULA DE CHARLES CHAPLIN.

Chaplin: Muéstranos tu mundo.

Tú, que tienes el don que pocos poseen, nos muestras la avaricia del hombre como mera excusa para divertir, y de paso, crear personajes humanos. Es gracioso cómo tu incesante mala suerte te hace caer en la nieve una y otra vez sin aburrir.

Aunque también te suceden cosas  inverosímiles.

Por ejemplo: Mientras buscas refugio, acabas dentro de una cabaña en medio de la nieve, y en su interior, se encuentra un asesino que te transforma mentalmente en una gallina (perfecto alimento cuando alguien esta hambriento). Sin embargo, siempre logras salir airoso de cada situación, y... ¿Por qué no? Haciéndonos reír de paso.

¡Hasta terminas siendo amigo de tu enemigo!

Ya sea salvando a una bella dama de las garras de un hombre abusador (aunque no fuera tu intención), o preparando la velada de nochevieja,  siempre me harás sentir la verdadera felicidad e inocencia que trae el enamoramiento ingenuo. 

Recuerda, Chaplin: ¡el que persevera, alcanza!

Eterno soñador y juguetón; por eso es que te ves tan extraño en tu propio mundo. Cual bicho feo y torpe, te desprecian, te malentienden. Sin embargo, ahí estas siempre, haciéndonos reír aunque te encuentres al borde de un accidente fatal.

Y todo, gracias a la quimera del oro, símbolo del sueño inalcanzable del hombre (el cual por cierto, tu sí conquistaste). Estoy seguro que en el cielo de los cineastas, tú ocupas un lugar privilegiado.    Y hablando de eso, quiero confesarte, Chaplin, con cuanta facilidad me has enseñado tantas cosas…

Me enseñaste que no se necesitan dollys, grúas, ni efectos por computadora para poder transportar al espectador  durante un rato. Me mostraste  lo importante que es la acción dentro del escenario, y que no se necesita un presupuesto exorbitante para ser creíble. Y aún más importante, hiciste que aprendiera a nunca rendirme, y a poder reírme de todo (inclusive de mí mismo).

Por todas estas lecciones y más, muchas gracias Chaplin.

¿O debería decir, Charlot?

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